Crítica
10 feb 07

UN VECINO ABNEGADO
Autor: Manuel Merenciano
Edita: Asociación Cultural Canónigos
Primer Premio del XXIII Certamen Nacional de Cuentos de La Granja
Dos son los pensamientos que te asaltan al leer Un vecino abnegado.
El primero tiene que ver con la presencia del otro. El otro es lo ajeno, lo diferente, lo incómodo, lo misterioso, tema literario por excelencia desde los autores clásicos de literatura fantástica, que con Cortázar comienza a plasmarse en la cotidianidad de lo real.
Es este el perfil del cuento merecedor del primer premio del XXIII Certamen Nacional de Cuentos de La Granja. El narrador, un hombre metódico y servicial, espera con ilusión la llegada de sus nuevos vecinos, de los que tiene ya alguna referencia, para demostrarles cuán atento y útil puede serles su compañía.
La pareja de nuevos inquilinos, Elena y Pascual, no son exactamente lo que él esperaba pero, sin duda, necesitan de su amabilidad.
Pero, desgraciadamente, uno, en la vida, no elige a su vecino, ese ser que te puede observar y al que tú vigilas, y que no siempre es bueno, ni considerado, ni limpio, ni agradecido…
Más que del otro, Un vecino abnegado habla de lo otro, de las manifestaciones incoherentes, violentas y monstruosas del hombre, de individuos que actúan circunstancialmente de forma anormal. Habla del horror casi trivial, sin advertencias, sumergido en el día a día.
Y el lenguaje que utiliza para ello es plano, sin pretensiones literarias, efectivo, y la estructura sorprendente: quizá el relato descubre sus cartas demasiado pronto, lo cual no nos librará de un final a la medida del suspense.
Se nos quedan por el camino algunas sutilezas sin explicar como la mención a la leve discapacidad de dos personajes y quizá echamos en falta el dibujo algo más matizado de Pascual. Tampoco es imprescindible. Como en la mayoría de los buenos cuentos la personalidad del protagonista crea la acción de la historia. Pascual e incluso Elena son argumentales, tanto como Raquel, Carlos y Marieta.
Decía que son dos los pensamientos que asaltan al leer Un vecino abnegado. El segundo es hipotecarte hasta las cejas con tal de vivir en una casa unifamiliar, alejada e independiente.
por McKenna
para pl.com